¿Cómo les hablamos a nuestros hijos de inclusión?

La semana pasada me fui al parque con Fer y Valentina, mi sobrina. El parque es, por lo general, uno de los primeros espacios donde nuestros pequeños aprenden a socializar y a poner en práctica valores como el respeto, el compartir, la solidaridad, entre otros; y lo mejor es que todo lo hacen jugando. El parque es sinónimo de alegría, imaginación y amigos, y el lugar donde nuestros pequeños conocen a sus pares.


Ese día llegamos al parque temprano, después del almuerzo. Mis dos pequeñas, una de 2 años y medio y la otra de 5 años, estaban felices. Había pocos niños por lo que aprovecharon los juegos. Fueron pasando las horas y comenzaron a llegar más pequeños y bueno, ellas ya han aprendido que deben esperar su turno porque todos tienen derecho a jugar, así que estaban tranquilas compartiendo.

De pronto, llegó también una mamá con un niño con habilidades diferentes, me di cuenta de inmediato que tenía autismo. El niño quería jugar, pero evidentemente le era más difícil seguir las reglas sociales del parque.

Les expliqué a ambas que José (le pondremos ese nombre) quería jugar, tenía aproximadamente 9 años, solo que no podía usar sus palabras y no comprendía tan bien lo de los turnos y otras cosas.

Fer, la más pequeña, entendió de inmediato la situación; Vale, sin embargo, puso cara de tener temor. Yo le explique que estaba ahí para cuidarla y le pregunté: si tú fueras José, ¿estarías triste por no poder jugar? Ella asintió con su cabeza y así de fácil entendió lo que estaba pasando.

De esta manera, sencilla, ellas entendieron que tenían que tener paciencia con José y jugaron juntos. La mamá que correteaba a José por entre los juegos, se acercó y me dijo: “Lo siento, es que tiene autismo”, a mí se me arrugó el corazón. Le dije: “Lo sé, están jugando y solo hay que mirarlos desde aquí”. La mamá de José es una heroína.

Al ver que mis pequeñas jugaban con José,  tres niños dejaron de lado el temor por su comportamiento atípico y comenzaron a acercarse. ¡Y eso hizo muy feliz a José y a su mamá también!

Es cierto, los niños pequeños se asustan de lo diferente y sin embargo, tienen algo que a veces los adultos olvidamos: nobleza y compasión. Y tienen la capacidad de adaptarse. Confiemos en ellos, enseñémosles a no tener temor a lo diferente y a ser solidarios con los niños con habilidades diferentes, siempre supervisando desde un espacio prudente.

Si enseñamos a nuestros hijos a ver con ojos de amor y empatía la diversidad como algo cotidiano, habremos contribuido a crear una generación equitativa y justa.

Amo ser mamá,

Mamá Black

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *